El acto de clausura de las jornadas culturales de San Carlos del Valle —que reunió a cerca de 500 personas, casi el 50% de la población total del municipio— se convirtió en una emotiva celebración de las raíces y las letras. La velada no solo sirvió para cerrar una exitosa exposición comisariada por el investigador José Vicente Rodríguez Bellón, sino para formalizar un gesto de amor desinteresado mediante la entrega de la producción literaria del poeta solanero Luis Díaz-Cacho Campillo al patrimonio local.
La apertura del bloque institucional corrió a cargo del presentador del acto, quien definió la donación como «una ventana que jamás se cierra, un mapa hacia lugares no cartografiados y un puente tendido entre la sensibilidad de un autor y el corazón de toda una comunidad».
Acto seguido, el alcalde de San Carlos del Valle, José Torres, tomó la palabra para ensalzar la figura del escritor, a quien calificó como un hombre «siempre abierto a ayudar» y afirmó que el municipio lo considera «un cristeño más» por su constante presencia y colaboración. El regidor destacó tres valores que resumen la personalidad del homenajeado, los cuales son ser buena persona, hospitalario y un dinamizador cultural.
Durante su intervención, el alcalde reveló un detalle significativo sobre la implicación del poeta con el paisaje del pueblo al señalar que el texto que decora el nuevo proyecto turístico y paisajístico de «El Mirador» (ubicado en el antiguo depósito de agua de la localidad) fue escrito desinteresadamente por Luis Díaz-Cacho. Torres lamentó un reciente acto vandálico que arrancó dicha inscripción, pero anunció con firmeza que los nuevos textos ya han sido encargados para ser repuestos de inmediato.
El alcalde aprovechó para reafirmar el compromiso presupuestario de su equipo con la gestión cultural, sentenciando que «un pueblo sin cultura no es nada», un valor que cobra especial relevancia al contar San Carlos del Valle con una joya patrimonial como su emblemática Plaza Mayor, catalogada en el acto del día anterior como «una de las más bonitas de España». Los libros donados por el autor se expondrán de manera permanente en la Biblioteca Municipal «Carlos III», enriqueciendo así las vidas de los vecinos con voces locales.
La presentación literaria del autor estuvo marcada por el afecto y la memoria familiar, recordando los lazos forjados hace décadas entre el poeta y los vecinos del pueblo en las duras jornadas de recolección en el campo. Díaz-Cacho fue presentado como una de las figuras más activas y comprometidas de las letras de Castilla-La Mancha, un escritor que entiende la poesía bajo la corriente del Humanismo Solidario y como una herramienta de salvación frente al tumulto cotidiano.
Raíces cristeñas
Al tomar la palabra, Luis Díaz-Cacho comenzó su intervención con una evocación profundamente poética de la memoria y el arraigo: «Uno pertenece a aquellos lugares que, a través del paso del tiempo, permanecen indelebles en su memoria». El escritor solanero deshizo en elogios el trabajo de los organizadores de las jornadas culturales (Agustín, Matías y José Vicente Rodríguez), celebrando el relevo generacional y asegurando que la cultura local queda «en las mejores manos de gente joven, preparada y comprometida con su municipio».
Díaz-Cacho aprovechó los primeros compases para agradecer el respaldo incondicional de su editor, Julio Criado, y de María Jesús Gallego (responsables de Ediciones C&G y del Grupo Oretania), con quienes camina en la palabra desde hace casi dos décadas. Asimismo, saludó emocionado a los poetas de la provincia que se desplazaron para arroparlo, entre los que se encontraban Luis Romero de Ávila de La Solana, Juan José Guardia Polaino de Valdepeñas e Infantes, Juan Camacho y Teresa Sánchez Laguna de Valdepeñas.
El núcleo más emotivo de su discurso llegó al rescatar los recuerdos de su niñez en San Carlos del Valle, su «villa maternal». Con imágenes cargadas de nostalgia, rememoró cómo bajaba del autobús de la mano de su madre y sus hermanos para correr hacia la casa de sus abuelos, evocando la estampa de su abuela Leandra acogiéndolos con besos sonoros y el mandil prendido a la cintura, o el cuidado de su tía Elena en el corral. Recordó también la etapa en que su madre ejerció como practicante en el municipio, trasladando a toda la familia a vivir allí durante una adolescencia que calificó como «de las etapas más felices de nuestras vidas».
«El verano en El Cristo era el olor de la higuera en los tejados del pueblo, la tarde tendida en la distancia de la espera… Chiquillos semidesnudos, con los cuerpos tostados, recorríamos las calles sin cesar», declamó el poeta, rememorando las tardes de cartas en la lonjilla y las caminatas por las huertas y cerros, parajes que, según confesó, sella subiendo casi todas las semanas. Esta indisoluble unión con el municipio lo llevó a construir allí, junto a su compañera de vida, Mavi, su pequeño retiro personal en forma de biblioteca.
La palabra como salvación
Para Díaz-Cacho, esta entrega de su patrimonio bibliográfico no tiene más pretensión que la de «devolver al pueblo un poquito de lo que El Cristo me ha dado y me da cada día». El autor se desnudó emocionalmente ante sus paisanos al confesar la necesidad vital de su oficio al asegurar que la poesía le salvó la vida y se la salva cada día porque escribe debido a que necesita escucharse para intentar comprenderse. Definió el verso como un puente hacia el lector, concebido con la esperanza de que la palabra sirva de refugio y propicie «la convivencia que dé sentido a nuestras vidas».
El legado entregado a la Biblioteca Pública «Carlos III» se compone de 17 libros que trazan una radiografía de sus reflexiones, anhelos y desvelos universales. Entre estas obras se encuentra “En mi nube de algodón” (1994), un volumen de cartas de amor con el que se reafirmó como uno de los últimos románticos, seguido por “Mi voz al viento” (1995), editado dentro de la colección Pan de Trigo del histórico grupo artístico y literario de La Solana al que pertenece. La lista continúa con “En busca de tu nombre” (1998) como obra que continuó consolidando su producción de finales de los noventa, “Cartas de amor para ti” (2001) en calidad de continuación de su prosa epistolar y romántica, y “Versos para el amor y la esperanza” (2002), escrito en autoría compartida con la poeta Pilar Serrano Menchen de Argamasilla de Alba.
También forman parte de la donación “Versos de amor para Mavi” (2003), poemario dedicado a su compañera de vida; “Reflexiones del instante” (2004), que supuso su incursión formal en el volumen de relatos breves; “A golpe de verso y de palabra” (2006), una obra que ahonda en su firme compromiso con la palabra como eje de convivencia; y “Los molinos sueñan” (2006-2007), un libro conjunto elaborado mano a mano con su amigo y también poeta solanero Luis Romero de Ávila.
Completan el catálogo de publicaciones “Cartas de amor desde Toledo” (2009) como consolidación de su estilo lírico y epistolar; “Poemas para vivir cada día” (2009-2010), edición que marcó un hito en su trayectoria y fue editada por Julio Criado bajo el sello de Ediciones C&G; “Nos debemos la paz” (2014), centrada en una poesía de corte reflexivo y social; y “En el Sáhara las palomas comen cuscús” (2016), un profundo ejercicio de poesía social y de reflexión compartida escrito conjuntamente con Nemesio de Lara Guerrero.
Finalmente, el patrimonio local incorpora “Cartas de amor para Mavi” (2017), que ofrece una recopilación expandida de la correspondencia íntima escrita entre 1992 y 2017; “Vivir cada día (2021)”, que funciona como continuación de su lírica vitalista y cotidiana; “En el círculo azul del calendario” (2024), compendio de sus discursos político-poéticos que reflejan su compleja e incomprendida dualidad como político y creador; y “Llanto” (2025), su obra más reciente y dolorosa, escrita originalmente a los 22 años ante la muerte repentina de su padre y publicada cuatro décadas después gracias al impulso de su esposa como una elegía universal sobre el dolor y la familia quebrada.
El recital
Para hacer partícipe al público de su obra, Díaz-Cacho ofreció un recital antológico dividido en varios bloques temáticos. Comenzó con su faceta más íntima leyendo ‘Voy en busca del ser que va conmigo’, un soneto de autoexploración y búsqueda existencial. Defendió con firmeza una poesía realista y accesible para que «la gente la entienda», dando paso al poema costumbrista ‘Estás perdiendo tu encanto’, una conversación doméstica en una cocina de septiembre que entrelaza el paso inevitable del tiempo con el olor a tierra mojada tras las tormentas de la llanura manchega.
El momento más sobrecogedor del bloque personal llegó con el poema ‘Necesito de ti’. El autor introdujo estos versos rememorando «aquellos terribles años de la droga» en la década de los 80, confesando el dolor de ver deteriorarse a la gente de su entorno y, en especial, a su propio hermano, a quien dedicó este descarnado soneto que implora paz frente al «alfilerazo de la aguja».
Como contrapunto, el poeta rindió un colorido homenaje al paisaje local a través de un soneto dedicado a ‘La Mancha’, expresando su deseo de mantener siempre la llanura grabada en la retina e inmortalizando el verso en el que proclamaba que ‘Quisiera ser tan solo un campesino’. Cerró esta sección con una declaración vitalista en prosa para sintetizar su filosofía de vida al remarcar que se levanta, tropieza, se cae y se vuelve a levantar porque siempre ama, dado que el amor es la vida, insistiendo en la necesidad de vivir intensamente ante la futilidad del tiempo al concluir que mientras tanto quisiera ser tan solo Luis para levantarse cada día y poder decir que un día más está aquí porque quiere vivir.
El tramo final de su intervención mostró al Luis Díaz-Cacho más combativo y comprometido, recordando el acto que el Grupo Oretania había celebrado el día anterior en el atrio de la iglesia de Santa Ana de Granátula de Calatrava para presentar el libro colectivo “Palabras para la paz y la vida”, donde se reivindicó el fin de los genocidios actuales. «Los poetas tenemos que denunciar y no podemos callarnos», sentenció con firmeza.
El autor abordó sin tapujos las heridas de la sociedad a través de tres lecturas críticas. La vulnerabilidad de la infancia. Recuperó un desgarrador poema escrito en su juventud en el que intentó ponerse en la piel de una menor víctima de una violación, abordando las brutales secuelas psicológicas y la complejidad de la maternidad no deseada nacida de la violencia («¿Quién me iba a decir a mí que te amaría yo tanto sin ser deseada?»).
La violencia de género. Recitó el contundente poema ‘No me digas que sí’, un alegato contra el maltrato machista que visibiliza «el dolor de tu ira en mi mejilla» y el temor al regreso del agresor cada noche, denunciando la preocupante insensibilización social ante los telediarios. Y por último El drama migratorio. Dedicó unos versos a las muertes en el Estrecho de Gibraltar y las vallas de Ceuta, señalando que «en las cuencas de sus ojos cabe el Mediterráneo entero» y afeando la insensibilidad de una «Europa solidaria» que disfruta de las playas en agosto mientras flotan miles de cadáveres de jóvenes en sus costas.
La madre
Como broche de oro a las lecturas, Díaz-Cacho dedicó a su madre, enferma de Alzheimer, el emotivo soneto “En el tramo final de tu existencia”. Con una delicadeza extrema, describió cómo la demencia silencia la palabra y confunde la razón, transformando la relación maternofilial al asegurar que, a pesar de que la distancia es infranqueable para los dos, ahora su madre es su niña amada.
Asimismo, el autor hizo balance de sus numerosos años dedicados activamente a la política, reconociendo las dudas que asaltan al mirar atrás, pero reivindicando con orgullo el espíritu utópico: «¿Merece la pena tanto desasosiego? Siempre merece la pena tener un ideal, compartir un sueño (…) ser un Quijote de la Mancha, mi lanza en ristre para deshacer entuertos».
Reivindicando la urgencia de hallar la palabra «incluso cuando el silencio es hermoso para llenar la distancia», Díaz-Cacho reservó dos composiciones para el cierre definitivo de su recital. El primero fue ‘Espérame’, extraído de su poemario “Llanto”, una desgarradora elegía dedicada a su difunto padre que aborda la muerte no como una pérdida definitiva, sino como un alejamiento temporal. «Apartarse no es marcharse, es solamente alejarse, es estar entre nosotros un poquito equidistante (…) Siempre estarás conmigo».
Para el broche de oro literario, escogió un soneto inédito de profundo misticismo local dedicado al Cristo del Valle, donde el escritor vuelca su devoción ante el patrón del municipio: «Con los brazos en cruz, Cristo del Valle, permíteme ceñirme ante tu talle con mis manos tendidas a la espera. El tiempo me ha traído a tu destino en el tramo final de mi camino…», concluyó emocionado.
Tras el último verso, el presentador del acto tomó de nuevo el micrófono para dar cierre a la velada, visiblemente conmovido por la atmósfera generada. «Muchas gracias, Luis. Nos has dejado sin palabras con esos poemas que vamos a poder disfrutar a partir de ahora en la biblioteca municipal de nuestro pueblo». En medio de un cerrado aplauso de agradecimiento de todos los presentes, el conductor del evento animó al escritor a «seguir siendo fuente de inspiración para tantas personas de La Mancha y tantas personas que te queremos».
Como broche final a una velada histórica para el patrimonio de San Carlos del Valle, el alcalde José Torres subió de nuevo al escenario en nombre de toda la corporación local para hacerle entrega a Luis Díaz-Cacho de un detalle institucional en señal de agradecimiento, respeto y admiración eterna por su generosa donación literaria.






