CRÓNICA: El folklore consigue unir pueblos en Tomelloso

El folklore ha vuelto a unir a pueblos y amigos para mostrar la identidad de cada cultura. El pasado sábado, la plaza de España de Tomelloso acogió la XL edición del Festival de Folklore ‘Ciudad de Tomelloso’. Un festival en el que, a diferencia de otros años, no participaron grupos de folklore internacionales por la pandemia pero sí nacionales.

Con un ambiente de prefería, el grupo anfitrión ‘Manantial del Vino’ junto a los grupos invitados Coros y Danzas ‘Villa de Madrid’ y Coros y Danzas de ‘Alcázar’ ofrecieron una noche memorable de música y baile tradicional después de más de un año de parón. “Nos ha llevado mucho tiempo pero lo hemos preparado con mucha ilusión y esperamos hacer disfrutar a la gente”. Así nos lo contaba Rosa María Díaz, una de las componentes de Manantial del Vino, minutos antes de que empezara la actuación.

En un nuevo escenario, con todas las medidas de seguridad impuestas por las autoridades sanitarias y con aforo limitado, alrededor de un millar de personas pudieron disfrutar de un gran repertorio de fandangos, jotas y seguidillas durante una hora y media. El público quedó fascinado con el vestuario y la puesta en escena que consiguió una inmersión a la España más costumbrista.

El festival arrancó con la actuación de la Asociación Folklórica Villa de Madrid que deleitaron, en primer lugar, con la ‘Jotilla de Madrid’ y cerraron esta primera parte con la ‘Jota de los remeneos de Madrid’. El grupo Coros y Danzas de Alcázar cogió el relevo y las voces inquebrantables de sus miembros, junto a sus instrumentos, no defraudaron en ningún momento. Interpretaron jotas, seguidillas, fandangos y finalizaron con la ‘Rondeña Enseña de Alcázar de San Juan’.

El recorrido histórico siguió con el grupo madrileño que, con un vestuario de coloridas telas y adornos inspirados en los cartones de Goya, nos adentraron en la Escuela bolera madrileña o goyesca en la que se representaban los fandangos y boleros de Madrid de los siglos XVIII y XIX.
La velada llegaba a su fin y Manantial del Vino se encargó de poner el broche final. Con unos trajes de gala para los bailaores y el bordado para las bailaoras, el grupo anfitrión consiguió trasladar al público el espíritu trabajador de los hombres y las mujeres agrarias.

Compartir en :