Los grandes fardos de paja o las gigantes cosechadoras configuran durante estos días el paisaje de muchas explotaciones agrarias de la provincia, donde ya se ha iniciado la recogida del cereal en una campaña en la que los agricultores son más bien pesimistas con respecto a la producción.
La ausencia de lluvias durante los meses de marzo y abril, cuando los cereales requieren de un mayor aporte de recursos hídricos, y las altas temperaturas que se registraron durante ese periodo primaveral, llegando a alcanzar los 31 grados, condicionaron en gran medida la cosecha de cereal en la provincia y frenaron unas expectativas que habían sido favorables hasta ese momento, puesto que se había sembrado prácticamente la misma superficie que el año anterior.
En concreto, según los datos del Ministerio de Agricultura, Medio Ambiente y Alimentación (Magrama), en Ciudad Real se cultivaron algo más de 288.000 hectáreas de cereal, entre las que destacan las 159.000 de cebada, las 65.500 de avena y las 54.430 de trigo. A ellas hay que sumar las correspondientes a otros cereales minoritarios en Ciudad Real, como las 7.800 hectáreas de triticale y las 1.650 de centeno.
Sin embargo, no se puede decir lo mismo en cuanto al volumen de producción, que estará alejado de los niveles cosechados el año anterior, cuando se registró una campaña «buena», con unas 665.000 toneladas de cereal en la provincia.
Frente a esos datos, se apunta a una reducción de la cosecha durante este año de entre el 30 y el 50 por ciento debido a la mencionada sequía y las elevadas temperaturas, según las estimaciones de la Asociación Agraria Jóvenes Agricultores (Asaja) , por lo que prevén que la cosecha podría situarse este año en la provincia en las 347.500 toneladas.





