Los trompos o peonzas han vuelto a las calles de Tomelloso. Un lunes por la tarde, si paseamos por el Paseo de las Moreras, vemos a más de 90 niños reunidos jugando a las peonzas.
Unos niños que saben hacer trucos como el puente o llevarse la peonza hasta la mano. Para conseguir estos trucos los chicos nos destacaban que entrenan en su tiempo libre. Los trompos y peonzas han mejorado sus cualidades y características.
Los padres que han acompañado a sus hijos nos destacaban que prefieren estos juegos tradicionales a las consabidas consolas de videojuegos en las que la participación del niño es nula y se limita a ser un mero espectador de la máquina.
Aunque pueda parecer una involución, el regreso de los trompos resulta simpático, porque es una vuelta a la inocencia, en un mundo en el que la infancia dura cada vez menos a golpe de televisión o tablets.





