El Observatorio Económico del Trabajo Autónomo de UPTA España ha alertado de una profunda transformación en el tejido comercial de Castilla-La Mancha que sitúa al sector ante la posibilidad de perder alrededor de 7.550 trabajadores autónomos de aquí a 2036. De mantenerse la tendencia de los últimos años, la comunidad pasaría de los 32.784 afiliados registrados al cierre de 2025 a situarse en el entorno de los 25.200 en un decenio, con un impacto directo sobre la economía local y la cohesión territorial del medio rural.
El deterioro del sector se ha acelerado en el periodo reciente. Castilla-La Mancha contaba en 2021 con 35.803 autónomos en el ámbito del comercio y la reparación. En apenas cuatro años se han destruido 3.019 empleos por cuenta propia, lo que supone un descenso del 8,4%. Este comportamiento destruye empleo a mayor ritmo que la media del conjunto de España, donde la caída acumulada fue del 7,2% tras pasar de 772.234 a 716.637 pequeños comerciantes (una pérdida de 55.597 afiliados).
Esta reestructuración coincide con el trasvase de la actividad hacia grandes operadores y el entorno digital. Mientras los pequeños negocios pierden presencia, la gran distribución en España aumentó su facturación un 4,75% entre 2021 y 2025 hasta rebasar los 50.000 millones de euros, sumando 222 nuevos establecimientos. Paralelamente, la facturación del comercio electrónico se duplicó en el mismo periodo en el país, al pasar de más de 57.700 millones de euros a superar los 114.800 millones.
Impacto en el medio rural y la despoblación
Desde UPTA destacan que la pérdida del comercio de proximidad es especialmente grave en Castilla-La Mancha por su extensión geográfica y la dispersión poblacional. El cierre de las tiendas de alimentación y pequeños establecimientos de barrio en municipios de menor dimensión acarrea la desaparición de servicios básicos, obligando a los residentes a desplazarse a otras localidades y acelerando los procesos de despoblación.
El presidente de UPTA España, Eduardo Abad, ha censurado el modelo comercial impulsado en las últimas décadas: “Durante años lo moderno fue llevar comercio, restauración y ocio a grandes complejos en las periferias. Creamos auténticos parques temáticos del consumo y vaciamos de actividad nuestras calles y barrios. Ahora estamos pagando las consecuencias”.
Asimismo, Abad ha reclamado la protección del comercio local como pilar imprescindible en las políticas territoriales: “Cuando cierra un comercio en un pequeño municipio muchas veces desaparece también un servicio. No podemos hablar de luchar contra la despoblación mientras dejamos desaparecer los negocios que hacen posible la vida cotidiana en nuestros pueblos. Esto sí debe ser una prioridad: salvar el comercio de nuestros barrios, de nuestras calles y de nuestros pueblos. Castilla-La Mancha no puede resignarse a perder más de 7.500 autónomos del comercio durante la próxima década”.






