La Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) ha manifestado su profunda preocupaci3n ante el alarmante incremento de la siniestralidad en Castilla-La Mancha, coincidiendo con la conmemoraci3n del D3a Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo.
Según los últimos datos del Ministerio de Trabajo y Econom3a Social, la comunidad cerr3 el ejercicio de 2025 con un balance de 48 fallecidos y una media de 74,3 accidentes diarios, consolidándose como la autonomía con la tasa de mortalidad laboral más elevada de toda Espa1a, con un índice de 5,32 muertes por cada 100.000 habitantes.
Esta tendencia negativa se ha agudizado de forma drástica durante los dos primeros meses del presente año, periodo en el que ya se han contabilizado ocho víctimas mortales, lo que supone un incremento de seis fallecimientos respecto al mismo intervalo del año anterior.
Victoria Gutiérrez, responsable de Prevenci3n de Riesgos Laborales de CSIF Castilla-La Mancha, ha calificado estas cifras de intolerables y ha denunciado un deterioro sistemático de la cultura preventiva en los centros de trabajo.
Desde el sindicato se señala que sectores como la industria manufacturera, la construcción y el transporte son los más castigados por una falta de seguridad que, según advierten, no se solucionará únicamente con el nuevo anteproyecto de reforma de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Para la organización, la carencia de inversión real y de recursos humanos, especialmente en áreas críticas como la salud mental, la desconexión digital y la inspección de trabajo, convierte las normativas en meros trámites burocráticos.
La organización sindical exige una implicación colectiva de todas las administraciones y empresas para revertir una situación que califican de tragedia estructural. Entre sus principales demandas destacan la regulación de ratios mínimos de técnicos de prevención, la profesionalización del personal sanitario y la dotación de presupuestos específicos que permitan una protección efectiva. Asimismo, CSIF hace hincapié en la necesidad de visibilizar riesgos que actualmente permanecen normalizados, como el estrés crónico, las agresiones a profesionales y la exposición a agentes tóxicos, factores que contribuyen silenciosamente al deterioro de la salud de los trabajadores en la región.






