Si algo caracteriza a la Semana Santa en Castilla La Mancha, además de las procesiones, es la amplia oferta gastronómica que rodea esta festividad y trata de «aliviar» los rigores de la vigilia con torrijas, que acompañan al potaje, símbolo indiscutible de la Cuaresma.
La oferta gastronómica en los días previos y durante la Semana Santa es tan amplia como el propio territorio español, ya que cada comunidad, provincia o ciudad cuenta con sus propias y peculiares recetas.
Sin embargo, cada año pasteleros y hosteleros se aplican con especial esmero para crear y renovar sus recetas y platos, con «delicatessen» como las torrijas.
Y si bien son los dulces los grandes protagonistas gastronómicos de la Semana Santa, es necesario recordar que en las comidas de Cuaresma el plato tradicional sigue siendo el potaje de bacalao, garbanzos y espinacas al que la ortodoxia dice que hay que añadir un huevo duro en el último golpe de cocción.
Un buen plato, que debe de estar acompañado de un bien vino manchego, desde restaurante La Antigua de Tomelloso, nos aconsejan un tinto.





