Los nuevos relojes inteligentes incorporan cada vez más funciones, aunque no todas son igual de fiables, ni siquiera aconsejables. Así lo pone de manifiesto la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) que alerta de los riesgos que pueden conllevar cierto tipo de información que proporcionan los modelos de gama alta de estos aparatos.
En concreto, se trata de funciones relacionadas con parámetros médicos, como la lectura del ritmo cardiaco, pulsioxímetro (que además del número de pulsaciones mide la saturación de oxígeno en sangre), tensiómetro (calcula la tensión arterial) e, incluso, electrocardiograma (que registra la actividad del corazón). La OCU advierte de que hay que darles el uso que realmente tienen, es decir, simplemente orientativo. En ningún caso, son herramientas de autodiagnóstico y los resultados que ofrecen no son lo suficientemente fiables.
En este punto, la OCU avisa de los riesgos que pueden suponer como transmitir una engañosa sensación de seguridad o, por el contrario, provocar un estado de ansiedad innecesario y una excesiva preocupación por la salud como consecuencia de medicalizar la vida cotidiana, dando veracidad a unos datos sin el aval de unas pruebas médicas reales.





