Antonia Cortés nos pide que “paremos el reloj unos minutos, pensemos e intentemos dar respuesta a esta pregunta. ¿Nos está pasando la vida sin vivirla?”. Por su parte Luis Romero de Ávila asegura que estar vivo es levantarse, tropezar y caer, volver a levantarse, caminar, sufrir y disfrutar, vivir y seguir caminando. “Eso es estar vivo…”.
La poetisa considera que “Nuestro poeta reflexiona y comparte esas reflexiones a través de la poesía. Pasa las páginas de su vida, de la vida, como si fuera un libro a medias. Lo escrito y lo que aún se ha de escribir. Y vuelve la vista atrás, y regresa al hoy. Un recorrido hacía dentro, con sus pausas, con sus heridas y añoranzas, con sus deseos y verdades. También hacía fuera, paso a paso, por esas calles de la cotidianidad, de la realidad que le rodea, con su armonía y sus egoísmos, su frialdad y su solidaridad. Ambos viajes, hacia él, hacia el otro, los otros, le han llevado a poner las cosas en su sitio, a lanzar al aire los sentimientos sin temor a que se extiendan y sean conocidos; a gritar las injusticias para compartirlas e intentar abrir el alma de quienes todavía las ignoran; a caminar sin miedo, a perderse o caer…”.
Por su parte, Luis Díaz-Cacho, nos pide que miremos a nuestro alrededor, “la vida nos ofrece cada día situaciones y percepciones distintas que debemos vivir con la intensidad que cada oportunidad nos ofrece, porque jamás un instante es idéntico a otro. ¡Aprovechémoslas con todas nuestras ganas!”.
“Vivir cada día” es precisamente eso. Un libro de crecimiento personal para entender las circunstancias que nos rodean, los estados de ánimo que nos condicionan y la manera de comportarnos ante los acontecimientos de la vida, a través del instante que el verso vierte ante nosotros.





